Capítulo 3 Colonia de Muros Celestes - El rescate de mi abuela
CAPÍTULO 3
Colonia de Muros Celestes (Una nueva posibilidad) El rescate de mi abuela
La mayoría de los seres humanos carecemos de información sobre estos temas, y esto hace que muchas veces las almas se confundan al pasar de plano.
Muchas religiones creen que todo termina con la muerte física: que quedaremos dormidos hasta que un ser nos despierte o hasta que algo ocurra. Otras sostienen que, si hiciste buenas acciones, irás al cielo, y si no, a su opuesto, el infierno.
Existen diferentes creencias al respecto. Hoy les contaré el caso de mi abuela. Según su religión, ella creía que, al desprendernos del cuerpo, dormiríamos un sueño eterno.
Ocurre entonces que, cuando trascendemos, el espíritu se da cuenta de que la vida sigue existiendo en el más allá, aunque ya no tenga un cuerpo físico.
El cuerpo físico es un vehículo terrestre y material que nos permite actuar en el plano tridimensional. Es como un traje que utilizamos para vivir en un plano denso. Al despojarnos de él —porque nuestro aprendizaje en la Tierra ha finalizado— continuamos con nuestra vida del otro lado.
Los espíritus nos informan que, debido a muchas de estas creencias, numerosos espíritus quedan atrapados en el plano astral sin saber bien adónde ir. Otros ni siquiera se han dado cuenta de que han muerto a la vida en la Tierra.
Durante todos estos años he practicado los viajes astrales como parte de mi investigación, así como también los sueños lúcidos. Esto, a mi entender, fue lo que me facilitó poder ayudar a mi abuela, además de que mi facultad mediúmnica hizo lo suyo.
Unos tres años atrás soñé que mis abuelos estaban preparando las valijas para irse juntos. El caso fue que él estaba enfermo y partió primero. Mi abuela falleció de un ataque al corazón dos años después, un treinta de octubre, fecha del aniversario de casamiento con mi abuelo. Tres días después, tuve un sueño lúcido.
Me encuentro en un lugar que ya he visitado varias veces: un sitio donde no existen los colores; todo está en escala de grises.
Allí me encuentro con mi abuela. Había recreado su casa, o mejor dicho, varias de las casas en las que había vivido en la Tierra. Recuerdo una en particular que tenía una gran galería llena de luz. A ella le encantaban las plantas, y era como un jardín interior.
En su placard tenía ropa que yo le había conocido desde más joven.
Ella me dice que no sabe qué le está pasando. La casa parece venirse abajo. Creo que, con su energía, ya no puede sostener esa creación.
Le digo:
—Abuela, tienes que irte de aquí.
Ella me responde que lo sabe, pero que justo ahora está lloviendo.
Abro la puerta y, con sorpresa, descubro que la vista da a un lugar conocido para mí. Ya había visto ese sitio antes. Entonces recuerdo que ese lugar era uno de los cuadros que estuvo toda la vida en la entrada de su casa.
La puerta daba a esa calle. La casa estaba en lo alto, como en la salida del pueblo. Veo que viene más gente caminando por ese camino y percibo una oportunidad. Entonces le digo:
—Abuela, viene alguien con un paraguas grande y de colores. Vámonos con él.
Ella, demorando la situación porque no quería irse, me responde:
—Me voy a cambiar los zapatos.
Saca del armario unas sandalias que había tenido de muy joven. Ese detalle me sorprendió. Ella siempre fue muy coqueta; le gustaba vestir bien y arreglarse.
Finalmente la convencí y, cuando pasó la persona del paraguas grande y de colores, nos fuimos con él.
Había muchísima gente caminando por ese camino: algunos solos, otros acompañados.
Las nubes y la tormenta desaparecieron, y entonces avistamos un cerro de un verde intenso. En la cima había un gran portal, con altos muros de color celeste y un ribete dorado.
Pude acompañar a mi abuela un poco más, hasta que aparecieron dos seres que se parecían a lo que podríamos denominar ángeles, según mis creencias. No tenían alas; simplemente eran muy similares entre sí: de apariencia andrógina, altos, rubios, de cabellos largos.
Se podían ver más seres como ellos a los lados del portal y también en la entrada, al costado del camino. Muchos acompañaban a las personas hacia el interior.
Al despedirme de mi abuela, le dieron el brazo. Ella se sujetó de ellos, uno de cada lado y caminó hacia adentro. Yo me quedé mirándola hasta que entró en el portal. Ella ya no miró hacia atrás.
A mi lado izquierdo estaba un ser muy similar a los otros, me señaló una dirección. Veo que me señala la salida. Observo entonces que, junto a ese lugar maravilloso, hay algo que parece un cementerio, con lápidas. Me dirijo hacia allí y comprendo el mensaje.
Para la gente de esta dimensión —la Tierra— mi abuela quedó allí muerta en el cementerio.
Me desperté de golpe, agitada, como suele ocurrir al salir de un sueño lúcido. Pero supe que había estado allí, en el portal de una Colonia de Luz.
¿Por qué este tipo de colonias tiene muros?, se preguntarán.
El motivo es que algunas colonias, ubicadas en el plano astral más cercano dimensionalmente a la Tierra o a frecuencias que no son tan altas, funcionan como colonias de recuperación: algo así como hospitales o centros de atención médica.
Están protegidas por muros frente a seres de bajas frecuencias que pueden deambular por la zona, para que en su interior los espíritus que se están recuperando puedan hacerlo de la manera más tranquila posible.
Además, cuentan con grandes vallas energéticas de protección que no se perciben a simple vista.
Estas colonias suelen ser lugares de transición antes de llegar a la que nos corresponde por vibración y frecuencia.
Aquí todavía mantenemos el ego que teníamos en la Tierra, parte de esa personalidad. Y aunque esa faceta siga siendo parte de nuestro ser, al trascender recordamos quiénes somos realmente. Ese “ego” pasa a formar parte de nuestra historia y de nuestro aprendizaje.
Fue algo que necesitamos en su momento: un personaje para encarnar en la Tierra, pero que en dimensiones más elevadas ya nos será necesario.
Con mi abuela me comuniqué varias veces después de este “sueño”, pero eso quedará para capítulos posteriores, en los que hablaré de la comunicación con los espíritus y profundizaré más en la información sobre las Colonias de Luz.
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