CAP. 6 – "Una visita no deseada" y " Luchas en el Plano Astral"
Ahora que estoy recopilando todo para escribir, siento que mi vida se asemeja a una película de ciencia ficción. Pero todo lo que estoy contando es cierto: es lo que me ha pasado a lo largo de mi vida hasta el momento en que lo estoy escribiendo. Por eso a esta primera parte del libro la denominé Diario de una Médium.
Cuando llegue al último capítulo comprenderán por qué estoy escribiendo este libro en formato blog y podcast, casi sin terminar, prácticamente en tiempo real.
Como conté al principio, este viaje no sería en línea recta, sino en espiral, así que vamos a saltar hasta cuando tenía unos quince años. Para entonces ya hacía tiempo que estaba leyendo diversos libros, sobre todo de control mental, a los que no mucha gente tenía acceso, y menos aún alguien de esa edad. También, por esos años, había comenzado a leer los libros de Lobsang Rampa.
Ya desde algunos años atrás tenía luchas en el plano astral al dormirme. Me costaba muchísimo conciliar el sueño; mi madre se quedaba conmigo para que pudiera lograrlo, y a veces ni siquiera así lo conseguía. Esas luchas iban en aumento. Nunca podía dormir con la luz apagada —y confieso que ni siquiera hoy—. De noche, según contaba mi madre, siempre terminaba tirando las almohadas y todo lo que estuviera cerca de mí, por lo que evitaba dejar objetos en la mesa de luz. Al día siguiente, muchas veces amanecía agotada y me costaba sobrellevar la jornada.
Por ese tiempo, una noche apareció en mi cuarto, al lado de mi cama, un ser oscuro, negro, con un pelo brillante como el de un animal, que parecía respirar. Este encuentro fue en el plano astral, pero dentro de mi dormitorio. Al principio lo vi a los pies de mi cama, y eso me despertó dentro de un sueño lúcido. Luego se movió hacia un costado; allí pude observarlo desde atrás y por encima de él. Estaba quieto, no hizo ningún movimiento: solo quería que reconociera su presencia, que supiera que estaba allí. Sentí que había venido a buscarme y que no era algo bueno.
Yo solo veía su torso y su cabeza. Era como si fuera un toro negro; parecía un animal, pero no lo era. Lo rodeé. Había algo en mí que sabía que no había venido a luchar, sino a marcar presencia. Una amenaza. En ese momento no sentí miedo y me desperté de golpe, como sucede en la mayoría de los sueños lúcidos. Sin embargo, esa presencia me dejó aterrada durante mucho tiempo. Supe contra qué energías luchaba.
Recuerdo haber llevado mi colchón al cuarto de mis padres para poder descansar. Después de ese episodio, mis peleas en el astral se volvieron cada vez más densas. Algunos de los perritos que me han acompañado en esta vida también me ayudaron en el plano astral. Recuerdo una de las grandes peleas que tuve, ya directamente con el oscuro, sin camuflajes. Ellos se aparecían y me ayudaban.
Esto me sucedió siempre con Cuqui, mi primera perrita, y también con Chico y Julieta.
Llegó un momento —creo que para entonces ya tenía unos veinte y tantos años— en que mi madre me dio un dije para que lo usara como protección, colgado de una cadenita que tenía en ese momento: una crucecita de oro que había sido de ella cuando era niña.
Y como siempre digo, no hay agua bendita ni objeto más poderoso que el amor. Ese dije en forma de cruz —que podría haber sido un trébol o cualquier otra figura— no tenía poder por su forma, sino por el amor que ella impregnó en él. Eso fue lo que me ayudó y me protegió.
A partir de ese momento comencé a dormir mejor. Las luchas no desaparecieron del todo —nunca lo han hecho—; incluso, en una oportunidad, ya siendo más grande, llegaron a lastimarme físicamente. Pero en ese período todo mejoró muchísimo y pude comenzar a tener una vida un poco más normal para alguien de mi edad.
Con todo lo que me ocurría, era natural que buscara informarme. Llegué a leer prácticamente una biblioteca entera sobre temas paranormales del club del libro de mi ciudad. Practicaba yoga desde los quince años y meditación desde los diecisiete. Hice todo tipo de cursos: Método Silva, Roma Bettoni, Fernando Mirza, Metafísica y todo lo que tenía a mi alcance en ese momento.
Mi búsqueda nunca se detuvo. También había comenzado a asistir a unas clases de filosofía esotérica muy interesantes que se daban en una librería ubicada en la calle Rincón 777, en mi ciudad, Maldonado.
En un momento de mi vida, justo a la edad clave de veintinueve años, conocí a una persona que pertenecía a un grupo templario. Esa persona me envió correos electrónicos con información que, según decía, podía interesarme sobre esa orden.
Allí, en mi computadora —una imagen que nunca olvidaré—, mientras estaba al fondo del pasillo de mi casa, vi el dibujo del ser que había visto aquella noche en mi cuarto. Casi me desmayo. Ya sabía su nombre… y no lo repetiré. No nombraré, obviamente, al innombrable. Mejor no nombrarlo, ni pensarlo, y mucho menos decirlo en voz alta.
Muchos templarios fueron asesinados por, supuestamente, adorarlo. Y para quien quiera saber quién es hoy, la información está fácilmente disponible en todos lados: basta con buscarla en Google o preguntarle a ChatGPT.
Cuanto mejor trabajemos nuestros sueños lúcidos, nuestro poder mental y todos nuestros potenciales dormidos, menos manipulables seremos en muchos sentidos y más despiertos estaremos, no solo para ayudarnos a nosotros mismos, sino también para ayudar a los demás.
Comentarios
Publicar un comentario
Puedes dejar tu comentario...gracias!